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Quiero contaros una historia que me afecta personalmente en todos los aspectos de mi vida, sobre todo, en la sentimental: mis problemas con los perros. Sobre mí pesa una maldición inverosímil y que no ha habido bruja capaz de quitarme de encima por muchas velas y malos pelos que tenga. Este castigo divino es, que por muchas chicas que conozca, al llegar a su casa, a mi leonera no invito ni a mis padres, me encuentro conque la muchacha tiene perro. Y no hay animal, bicho o planta que pueda ser capaz de arruinar con más eficacia una noche loca de desenfreno íntimo, como un perro.

Me apetece hablar de un colectivo, que en general, no deja de sorprenderme y me merece el mayor de los respetos: Los camareros. No voy a hablar de los camareros de locales de comida rápida, discotecas o locales nocturnos, ya que estos suelen ser individuos que tienen una carrera universitaria y un par de masters y es lo que podríamos denominar como una nueva especie dentro de tan insigne colectivo, con contratos temporales, bastante ineptos y sin intención de continuidad, por lo que no se pueden definir como auténticos camareros, esos que han mamado la profesión desde chavales detrás de la barra. Es por ellos que me centraré en el profesional de toda la vida, el del bar, la cafetería o el restaurante familiar y cómo no, el único e incomparable camarero de taberna.

Ya sabemos que la diferencia entre hombres y mujeres es algo que salta a la vista, y no hablo del físico, sino de la propia psicología de cada sexo. Vamos a comenzar viendo esas pequeñas grandes cosas que las mujeres no comprenden de los hombres, para más adelante darle la vuelta a la tortilla, a ver si no se me cae al suelo, y tratar las cosas que los hombres no entienden de las mujeres. Sí, es verdad, este artículo ya fue publicado en dos partes al comienzo de la andadura de Revista en Red, pero igual alguno de vosotros no los conocéis y además, me apetecía revisarlos y unirlos en uno solo. Así que volvamos a ver esas cosas que hombres y mujeres no comprenden el uno del otro y comentémoslas...

Aunque la imagen y el enunciado de este artículo pueden hacer pensar que voy a hablar de cine o en todo caso de una de esas producciones creadas para la gran masa de descerebrados que se distraen con cualquier cosa, no voy a escribir sobre eso. Voy a intentar vislumbrar o más bien elucubrar, sobre las cosas que hacemos la mayoría de las personas cuando estamos solos en casa.

Parece mentira que hoy día triunfen programas donde unos señores con mucho dinero nos muestran su casa con amplia sonrisa, como una forma de decirnos que no tenemos nada que hacer para tener ese tipo de fastuosas, y en la mayor parte de las veces, ridículas y horteras viviendas. No me apetece hablar de este tipo de programas salido de la mente de un necio para darnos envidia o quizás provocarnos también la risa, si no mejor de cómo debería ser el programa para que realmente tenga interés y nos sintamos identificados. De entrada, deberían ir a casa de gente normal y mostrarnos lo que ya todo sabemos y las maravillas por descubrir en cada estancia, rincón y cajón.

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